La Virgen de Copacabana, Nuestra Señora de Copacabana o Virgen Candelaria de Copacabana, es una advocación mariana venerada en Copacabana, Departamento de La Paz, Bolivia.

Su fiesta se celebra el 5 de agosto. El 1 de agosto de 1925 fue coronada y declarada “Reina de la nación”.

El culto a la Virgen de Copacabana se inició en 1583 en la época virreinal, en el pueblo de Copacabana a más de 3.800 metros sobre el nivel del mar, y a 139 km de la ciudad de La Paz, y recostado sobre una colina, donde la península de Copacabana se adentra en el lago Titicaca, lugar que corresponde a PERÚ, acercándose a las islas del Sol y de la Luna, antiguos lugares sagrados para los aymaras e incas.

Su veneración se extendió desde Bolivia a diversos países de América, como Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú; y también a países de Europa, como España. Así mismo, varios lugares llevan el nombre de Copacabana en Argentina, Brasil y Colombia.

Historia:

Durante la colonia, Copacabana en el Virreinato del Perú fue evangelizado y catequizado por los padres dominicos desde 1539 hasta 1574. Con este propósito establecieron una doctrina en Copacabana y en los otros pueblos vecinos como Pomata, Chucuito, Acora, Ilave, Juli, Zepita y Yunguyo.1​ Los dominicos, aparte de propagar la fe cristiana católica, como orden mariana, propagaron también una profunda devoción a la Virgen María en toda esta región. Además de propagar el rezo del Rosario, cabe recordar que los dominicos eran desde 1530 los custodios de uno de los santuarios marianos más importantes de España, el Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria de las Islas Canarias.2​

En el pueblo de Copacabana, alrededor de 1580 sus habitantes vivían divididos en dos grupos, los Anansayas y los Urinsayas. A pesar de haber recibido la fe cristiana, vivían apegados a su religión primigenia. Las malas cosechas y otras desventuras los obligaron a pensar en atraerse los favores del cielo y resolvieron los Anansayas erigir una cofradía y ponerla bajo la advocación de la Virgen de la Candelaria. Mientras que los Urinsayas se opusieron alegando que ellos tenían pensado dedicarla a San Sebastián, pero al final no se hizo nada.

El inca Tito Yupanki, descendiente del inca Wayna Qhapak, no abandonó la idea y concibió el proyecto de labrar una imagen de la Virgen pensando que una vez hecha y trasladada al pueblo sería más fácil establecer la cofradía propuesta. Este escultor aficionado, ayudado por su hermano Felipe, trabajó la imagen de la Virgen en arcilla, de una vara de alto, por los resultados, esta imagen debió representar la buena voluntad alejada de las gracias naturales de María. Fue colocada a un lado del altar por el Padre Antonio de Almedia, que hacía de párroco. Al dejar Copacabana don Antonio, se hizo cargo de Copacabana el predicador bachiller don Antonio Montoro, quien al ver esa imagen desgarbada, tosca y sin proporciones, mandó sacarla del altar y llevarla con el desaire a un rincón de la sacristía.

Humillado Francisco Tito por este contratiempo y aconsejado por los suyos, marchó a Potosí, que contaba con destacados maestros en escultura de imágenes sagradas. Llegó a adquirir en el taller del Maestro Diego Ortiz, cierto dominio en la escultura y en el tallado de la madera. Con esos conocimientos se resolvió trabajar la imagen definitiva de la Candelaria. Buscó por todas las iglesias de Potosí una imagen de la Virgen que pudiera servirle de modelo, encontrando en el Convento de Santo Domingo a la Virgen del Rosario. Se fijó en ella con suma atención para grabarla en su mente y antes de comenzar su trabajo, hizo celebrar una misa en honor de la Santísima Trinidad, para obtener sobre su obra la bendición divina.

Los urinsayas, en principio, admitieron fundar la cofradía, pero no aceptaron la efigie labrada por Yupanqui, por lo que este empezó a buscar comprador. En La Paz, la imagen llegó a manos del cura de Copacabana, quien decidió llevar la imagen al pueblo. El 2 de febrero de 1583 la imagen de María llegó a la población de Copacabana, lo que hace de este santuario mariano uno de los más antiguos de América, junto al santuario de Guadalupe en México. Todo el pueblo salió gozoso a recibirla y con gran alegría la condujeron a la Iglesia, donde se celebró una misa en su honor y se entronizó la imagen de la Virgen. Dice Alonso Ramos Gavilán:

Pusieron pues esta imagen (tan devota como hermosa, y más hermosa que el cielo) en unas andas que la devoción del corregidor y cura tenían prevenidas, y en procesión solemne, acompañada de suspiros y lágrimas, fue recebida a horas de misa mayor en la iglesia donde se hallaron algunos españoles que estaban con el corregidor. Fue esta entrada en Copacabana a dos de febrero del año de 1583.

Descripción de la Imagen:

El cuerpo de la imagen está tallado en madera de maguey y esta totalmente laminado en oro fino y en sus ropajes se reproducen los colores y las vestiduras propias de una princesa inca. Su forma original esta permanentemente cubierta por lujosos mantos y trajes superpuestos a la talla, luciendo además una larga peluca de pelo natural. La imagen, que mide un poco más de cuatro pies, sostiene en su brazo izquierdo a un niño de manera muy peculiar, como si estuviera a punto de caerse y en su mano derecha sostiene un canastillo con unas palomas.

La imagen original nunca sale de su santuario, para las procesiones se utiliza una réplica de la misma. Es típico del santuario, que los que visitan salgan de él caminando hacia atrás, con la intención de no darle la espalda a su querida Madre cuya fiesta se celebra el 2 de febrero, día de la Purificación de María o fiesta de la Virgen de la Candelaria, pero también se celebra el 5 de agosto, con liturgia propia y gran celebración popular.

El 22 de abril de 2013 ocurrió un lamentable hecho; un grupo de delincuentes robó 28 joyas que adornaban a la Virgen entre ella el bastón de mando, regalo del Virrey del Perú en 1669. El sábado 6 de julio de 2013 los habitantes de Copacabana felizmente restituyeron la imagen de la Virgen con nuevas joyas

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