
BENDICION DE NAVIDAD
Carlos Cardó Franco S.J.
Que Dios renueve tu esperanza en esta Navidad, te libere de lo que te preocupa o angustia y te conceda capacidad de silencio para orar en esta noche santa. Orar, sí, sin desfallecer y a sabiendas de que no sabemos orar.
Que Dios te dé la gracia de asombrarte profundamente por la maravilla del nacimiento de su Hijo Jesús en el pesebre de Belén de modo que puedas animar a la fe a los que la han perdido, despertar las ganas de vivir a los que ya no tienen esperanza, y motivar la generosidad de los que no saben amar.
Que Dios te acompañe con la luz de la Noche Buena cuando te vengan días oscuros. Y que en los días buenos, sin perder tu paz y tu inquebrantable confianza, permitas que resuene en tu interior el lamento de este mundo nuestro, el llanto de los que han sido arrancados de sus hogares por la persecución, la guerra, las enfermedades, los desastres naturales o la falta de oportunidades.
Que en esta Navidad, día privilegiado para dar gracias a Dios por nuestros niños, nos movamos a darles lo mejor de nosotros. Ellos son nuestras más hondas fuentes de esperanza. Ellos llevan consigo la promesa de que la convivencia humana sea mejor en un futuro más humano, en paz y bienestar para todos. Al mismo tiempo, no dejes de agradecer el infinito e invalorable regalo que son o han sido para ti tu madre, tu esposa, tus hijas, tus hermanas, y ruegues con toda la fuerza de tu corazón para que cese ya la violencia contra los niños y contra la mujer, el maltrato, el acoso, la violación, los secuestros, la trata de personas y el comercio de la pornografía, crímenes horrendos que degradan la condición humana en el mundo.
Que en esta Navidad ninguna persona se sienta sola ni sufra en el aislamiento que genera depresión. Que nadie padezca por el desamor, la calumnia, la murmuración y la maledicencia. Que te sientas cercano a los que han sido abandonados por su familia, los que sufren la humillación de la falta de trabajo, la desesperación por no encontrar la salida para los suyos. Que no dejes de encomendar al Señor a los encarcelados, emigrados, desterrados, a los que sufren la enfermedad de la adicción al alcohol, las drogas o la ludopatía.
Que en esta Navidad te dejes llevar por el Espíritu hasta ese lugar misterioso y profundo donde te encuentras a solas con tu Padre Dios y te dejas abrazar por él hasta mezclar sus lágrimas y las tuyas derramadas por el sufrimiento del mundo y ahí, justo ahí, llegue el consuelo y la paz de Navidad.
Que Dios restaure las relaciones que dañaste y te lleve a reconciliarte contigo mismo y con los demás. Que Dios te dé decisión firme y valentía, fantasía y creatividad para que puedas ayudar a otros a sentir la alegría de Navidad.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén













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