
Es una tradición litúrgica muy antigua en la Iglesia Católica, conocida como el “Sábado de Nuestra Señora” o “Sábado mariano”. Estas son las razones que se dan, combinando teología y tradición histórica:
La razón teológica principal
Según la tradición, mientras Jesús estaba en el sepulcro entre el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección, María fue la única que mantuvo intacta su fe en que Cristo resucitaría, incluso cuando los apóstoles dudaban o se habían dispersado. Por eso, el sábado —el día “intermedio” entre la muerte y la resurrección— se asocia con la fe inquebrantable de María, y se le dedica como un homenaje a esa fidelidad.
El origen histórico
La práctica se remonta a la Edad Media, formalizada especialmente a partir del siglo IX-XI, cuando se instituyó el “Officium parvum Beatae Mariae Virginis” (Oficio Pequeño de la Virgen María), una serie de oraciones que los sacerdotes y religiosos rezaban los sábados en su honor. Con el tiempo se extendió como devoción popular.
El simbolismo del “séptimo día”
También hay una lectura simbólica: el sábado es el último día de la semana litúrgica (antes de que el domingo, día del Señor, inicie el nuevo ciclo). Dedicar ese día de “cierre” a María la presenta como quien acompaña y prepara el camino hacia la celebración central del domingo.
En la práctica actual
Esto se refleja hoy en cosas como:
- La posibilidad de celebrar una “Misa votiva de Santa María en sábado” cuando no hay una fiesta litúrgica específica ese día.
- El rezo del Rosario los sábados como devoción recomendada en muchas parroquias.
- Advocaciones marianas particulares que often tienen sus novenas o devociones concentradas los sábados.
Es una tradición piadosa y no un dogma obligatorio — varía en intensidad según el país, la orden religiosa o la parroquia, pero está bastante extendida en el catolicismo, incluyendo Argentina y Perú.












